sábado, 29 de mayo de 2010

Airbus

Airbus

lunes, 10 de mayo de 2010

Galimatazo

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.

¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!
¡Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando...

Y así, mientras cavilaba firsuto,
¡¡hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

¡Zis, zas y zas! ¡Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
¡volvióse triunfante galompando!

¡¿Y hazlo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?!
¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.

Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncian los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba...

(Lewis Carroll)

jueves, 6 de mayo de 2010

El cuento de la rana y el anciano

Un anciano estaba pescando sentado en su bote de remos, cuando de repente saltó una rana del río dentro de la embarcación.
La rana, muy animadamente, comenzó a suplicarle ayuda: “¡Auxilio, por favor, buen señor. Yo soy una hermosa princesa. Una cruel bruja me transformó en una rana. Solamente bésame, y seré transformada de nuevo en una princesa!”
El viejo, sin decirle nada, la levantó y la metió en su bolsillo. Entonces remó a la ribera del río y desembarcó. Sacó la rana de su bolsillo, y la rana comenzó a suplicarle de nuevo: “¡Por favor, buen señor, sólo bésame y seré transformada de nuevo en una hermosa princesa, y seré tuya para siempre!”. Pero esta vez el anciano le contestó: “Mira, a mi edad, prefiero tener una rana que habla antes que una princesa.”

domingo, 2 de mayo de 2010

Su difunto marido se reencarna en conejo y vuelve a casa una década después

Cada vez hay más personas que creen en la reencarnación. Gracias a esta prodigiosa facultad, un ser que muere transporta su alma a un cuerpo diferente, a menudo, al de un animal. La historia de Patricia y su difunto marido, Jesús, reencarnado en conejo, sembrará seguramente la duda entre los más incrédulos...
Hacía más de diez años que Patricia sobrellevaba su viudedad sumida en la más absoluta tristeza desde que la voz solemne de un agente de policía le comunicó, vía teléfono, que su tan estimado marido, viajante de comercio, acababa de fallecer en un accidente de carretera.
Para sacarla de su inacabable ostracismo, sus hijos le propusieron hacer un viaje a algún bello y bucólico rincón que ella escogiese pero fuera de su rutina habitual para que de esa manera despejase algo la mente y, convencida por fin, así lo hicieron. Ya en el lugar de reposo, durante una de las excursiones que entraban en el paquete vacacional, Patricia visitó una granja y quiso la caualidad (tal vez el destino) que la mujer se cayese sobre una jaula de conejos. En el suelo, uno de los mamíferos se la quedó mirando. Patricia sintió en ese momento en lo más profundo de su ser que conocía a ese conejo. Y fue tan fuerte el sentir que, por alguna razón inexplicable, se decidió a comprarlo y llevárselo de vuelta a casa.

Patricia

Ya en el hogar, el comportamiento del animal resultaba tremendamente extraño. El conejo se negaba a dormir en otro sitio que no fuese la cama de Patricia. Y durante el día, se subía al que fue el sillón preferido del difunto Jesús y comía a los mismos horarios.
Si en la televisión había fútbol y se cambiaba de canal, el conejo pataleaba sobre el sillón con sus extremidades anteriores hasta que alguien volvía a ponerle el partido. Y es que a Jesús, que era hincha de corazón del Real Madrid, le encantaba el fútbol.
Pero ahí no acaba la cosa... Cuando Maite, una amiga de Patricia a la que Jesús odiaba, iba a tomar café a la casa, el conejo se subía por la mesa, tiraba las tazas y lo ponía todo perdido. Pero lo peor es lo del amigo de la viuda.
Eduardo es un compañero de colegio de Patricia. Fueron medio novios y a Jesús no le caía nada bien. Desde que él murió, Eduardo, que también es viudo, visitaba más a menudo la casa de su amiga. Y eso el conejo no lo puede soportar.

Jesús reencarnado

Cuando llegaba Eduardo se le lanzaba a la cara nada más entrar por la puerta y el hombre ha tenido ya más de un problema serio con el pequeño mamífero, por lo que ahora casi ni aparece por allí si no es absolutamente necesario.
Todas estas extrañas coincidencias llevaron a Patricia a consultar con un experto en reencarnaciones, el profesor Isla, un estudioso del tema que ha vivido más de veinte años en contacto con los brahamanes hindús.
Éste le hizo varias pruebas que por lo complicado de su explicación obviaremos pero que confirmaron la evidencia: ¡El conejo era Jesús!, sin ningún género de duda.
Desde entonces, es uno más de la familia y todos vuelven a sonreír y a ser felices de tener de nuevo a su ser querido de vuelta en casa.

Noticias del mundo (Felipe Arnau)