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domingo, 2 de mayo de 2010

Su difunto marido se reencarna en conejo y vuelve a casa una década después

Cada vez hay más personas que creen en la reencarnación. Gracias a esta prodigiosa facultad, un ser que muere transporta su alma a un cuerpo diferente, a menudo, al de un animal. La historia de Patricia y su difunto marido, Jesús, reencarnado en conejo, sembrará seguramente la duda entre los más incrédulos...
Hacía más de diez años que Patricia sobrellevaba su viudedad sumida en la más absoluta tristeza desde que la voz solemne de un agente de policía le comunicó, vía teléfono, que su tan estimado marido, viajante de comercio, acababa de fallecer en un accidente de carretera.
Para sacarla de su inacabable ostracismo, sus hijos le propusieron hacer un viaje a algún bello y bucólico rincón que ella escogiese pero fuera de su rutina habitual para que de esa manera despejase algo la mente y, convencida por fin, así lo hicieron. Ya en el lugar de reposo, durante una de las excursiones que entraban en el paquete vacacional, Patricia visitó una granja y quiso la caualidad (tal vez el destino) que la mujer se cayese sobre una jaula de conejos. En el suelo, uno de los mamíferos se la quedó mirando. Patricia sintió en ese momento en lo más profundo de su ser que conocía a ese conejo. Y fue tan fuerte el sentir que, por alguna razón inexplicable, se decidió a comprarlo y llevárselo de vuelta a casa.

Patricia

Ya en el hogar, el comportamiento del animal resultaba tremendamente extraño. El conejo se negaba a dormir en otro sitio que no fuese la cama de Patricia. Y durante el día, se subía al que fue el sillón preferido del difunto Jesús y comía a los mismos horarios.
Si en la televisión había fútbol y se cambiaba de canal, el conejo pataleaba sobre el sillón con sus extremidades anteriores hasta que alguien volvía a ponerle el partido. Y es que a Jesús, que era hincha de corazón del Real Madrid, le encantaba el fútbol.
Pero ahí no acaba la cosa... Cuando Maite, una amiga de Patricia a la que Jesús odiaba, iba a tomar café a la casa, el conejo se subía por la mesa, tiraba las tazas y lo ponía todo perdido. Pero lo peor es lo del amigo de la viuda.
Eduardo es un compañero de colegio de Patricia. Fueron medio novios y a Jesús no le caía nada bien. Desde que él murió, Eduardo, que también es viudo, visitaba más a menudo la casa de su amiga. Y eso el conejo no lo puede soportar.

Jesús reencarnado

Cuando llegaba Eduardo se le lanzaba a la cara nada más entrar por la puerta y el hombre ha tenido ya más de un problema serio con el pequeño mamífero, por lo que ahora casi ni aparece por allí si no es absolutamente necesario.
Todas estas extrañas coincidencias llevaron a Patricia a consultar con un experto en reencarnaciones, el profesor Isla, un estudioso del tema que ha vivido más de veinte años en contacto con los brahamanes hindús.
Éste le hizo varias pruebas que por lo complicado de su explicación obviaremos pero que confirmaron la evidencia: ¡El conejo era Jesús!, sin ningún género de duda.
Desde entonces, es uno más de la familia y todos vuelven a sonreír y a ser felices de tener de nuevo a su ser querido de vuelta en casa.

Noticias del mundo (Felipe Arnau)

viernes, 2 de enero de 2009

Una extraña dolencia le obliga a esnifar los alimentos

Claudia LaguzziCada vez que se sienta a la mesa del restaurante 'Le Farfalle', uno de los más exquisitos de Milán (Italia) y que regenta su marido, reconocido chef internacional, Claudia Laguzzi monta un auténtico espectáculo ante los demás comensales. No obstante, ella no lo hace por llamar la atención, es que la pobre mujer es incapaz de tragar ningún tipo de comida por la boca a causa de un extraño mal, por lo que se ve obligada a esnifar la comida para poder subsistir.
Su enfermedad es extremadamente rara. En el mundo hay reconocidos tan sólo dieciocho casos similares, de los cuales el 90% son mujeres.
La desgracia de Claudia nació con ella, y jamás ha conocido el placer de degustar los alimentos, ni siquiera los más corrientes, como los huevos, las patatas o unas simples salchichas. Ya cuando era solamente un bebé, la pequeña Claudia tenía que mamar por la nariz, arrimando sus fosas nasales a los pezones de su madre. Más tarde, un pediatra tuvo que construir un biberón especial para que pudiera absorber la papilla. Pero, ¿cuál es la causa de tan extraño mal?
Al principio los médicos no estaban seguros. Afirmaban que tal vez se debiera a un hiperdesarrollo de la campanilla de su garganta. Creían que el tamaño de esta protuberancia impedía el paso de los alimentos más espesos, ya que sí puede ingerir algunos líquidos por la boca, como el agua y el café con leche con no más de un terrón de azúcar. Sin embargo, tras hacerse unas radiografías se comprobó que su campanilla era tan pequeña como la de cualquier otra persona normal.
Después de recorrer muchas consultas, el doctor Paulo Giannoli, un especialista napolitano, le diagnosticó que era sólo un problema psicológico pero, posiblemente, incurable. Según parece, la madre de Claudia comió mucho queso durante el embarazo, lo que pudo provocar en el subconsciente del feto un rechazo a la comida.
A pesar de sus problemas, Claudia lleva una vida prácticamente normal y se ha acostumbrado a todos los inconvenientes, excepto cuando se acatarra porque pasa muchísima hambre ya que no puede comer nada.

Vía Agencia WWN
Noticias del mundo (Olivia Sanchís)

jueves, 24 de julio de 2008

El bebé boxeador. ¡Su madre no puede con él!

Mamá de JuanitoEl pequeño Juan Vázquez, con tan sólo 18 meses, tiene un poderosísimo gancho de derecha. Con él, ha conseguido nada menos que mandar a su madre María Rosa al hospital a base de golpes.
Y es que de casta le viene al galgo. El padre de la criatura, Manuel Jorge, ahora entrenador, llegó a ser campeón nacional de boxeo en la categoría de semi-pesado de su país por lo que no resulta nada extraño que el pequeño haya salido como ha salido: tan fiera.

Papá de Juanito

(Aquí su padre intentando, infructuosamente, acongojarlo un poco
para que no le vacile tanto a su pobre madre:
"A la mama, no, ¿eh?, ya no más Juanito", le dice.)

Aunque está todavía convaleciente de sus heridas, María Rosa, y a pesar del daño, dice no guardar ningún rencor hacia su hijo.

Mamá de Juanito

Muy al contrario, está orgullosa de él. Lo que más desea ahora es que el pequeño llegue algún día a convertirse en campeón mundial de boxeo.
Para ello, a Juanito le han comprado un pequeño "punching hall" para que se entrene y así, de paso, deje en paz a su buena madre.

Vía - Agencia WWN - Noticias del mundo

miércoles, 9 de julio de 2008

Adela, la mujer con tres cerebros

RadiografíaAdela Calero, acababa de nacer y, por orden de su médico, se le hizo una radiografía de cráneo. Dos años después, la pequeña Adela hablaba perfectamente español, francés y alemán.
Hoy, Adela tiene 27 años y vive en un pequeño apartamento de Houston (Texas, Estados Unidos), donde trabaja para la NASA dentro de un programa especial para superdotados de todo el planeta.
Entre las pruebas que le hicieron para entrar a formar parte de tan exclusivo club, destaca la de memorización. "Me tuve que aprender La Biblia de memoria -cuenta Adela-. Tardé menos de cinco horas, aunque habría podido hacerlo en cuatro si La Biblia no hubiera estado en alemán". Además, Adela demostró ante un tribunal especializado, que es perfectamente capaz de construir ella sola una bomba atómica.
Hace dos años, Adela se casó con Arthur Bancroft, fontanero de profesión. El marido está encantado de tener una esposa tan inteligente, aunque Adela siempre dice que el más listo es él: "Puede que yo tenga más cociente, pero Arthur gana mucho más que yo", bromea.
El fenómeno de los tres cerebros no es único en el mundo. El alemán Ricardo Hesse (Berlín, 1675 - Osaka, 1765) nació con cuatro, aunque, al parecer, según estudios de la época, tenía dos atrofiados. A pesar de ello, Ricardo Hesse ha pasado a la Historia por inventar artilugios tan importantes como las compresas con doble absorción, adelantándose a su época en más de dos siglos. Hesse, que murió pobre y encarcelado por un gobernador japonés, descubrió también la rueda de goma y sentó los principios terapéuticos del agua imantada.
Adela Calero -cuyo cociente intelectual es de 386, es decir, más inteligente que Aristóteles y Einstein juntos- todavía no ha inventado nada, pero, en sus ratos libres, trabaja junto a su marido Arthur sobre el proyecto de un grifo celular que no precisa cañerías para llegar a las casas.

Miguel Bravo,
periodista de investigación

lunes, 30 de junio de 2008

Juanjo Hernández lleva en la frente la marca del diablo

Juanjo Hernández"Hasta hace poco no me había dado ni cuenta de que la cifra 6 era una constante de mi vida", declara Juanjo Hernández. Y sin embargo, el número seis le persigue desde su más tierna infancia. "Seis días antes de que yo naciera, mi padre salió de casa a buscar media docena de huevos a la tienda de ultramarinos y nunca más volvió", confiesa. "Eran las seis en punto de la tarde cuando mi padre se marchó, según cuenta mi madre". 6 días, 6 huevos, las 6 de la tarde... Algo raro sucede entre Juanjo y la cifra del diablo: el 666.
"En el colegio fui muy bien hasta sexto; después, mis estudios fueron una auténtica catástrofe, aunque al cabo de los años pude enmendar mi expediente y encontrar un buen trabajo", asegura.
Sus primeros seis años como mecánico fueron un éxito. Juanjo logró abrirse camino y pudo dejar Toledo para inaugurar en Madrid su propio taller. "Sin embargo, a partir del séptimo año, los negocios comenzaron a irme mal".
No acaban ahí las coincidencias entre la historia de Juanjo y el número 6. Cuando le piden que cuente hasta diez sucede algo realmente increíble. (Uno, dos, tres, cuatro, cinco,... -Ahí, Juanjo se detiene súbitamente y empieza a tartamudear.- Se... Se... ¡No puede continuar! "Es como una fuerza sobrenatural que me impide pronunciar la cifra" -explica-.)
Por si fueran pocas las coincidencias, Juanjo Hernández -que vivió al principio en un piso de la madrileña calle de Duque de Sexto- habita el número seis de su calle, en el sexto piso (un piso con seis habitaciones) y tiene seis hijos. El más pequeño, Pedro, tiene seis meses; el siguiente, Arturo, tiene dos años y cuatro meses, el tercero más joven, Javier, tiene cuatro años y dos meses; el siguiente, Juan José, acaba de cumplir los seis años. Luego vienen Francisco, que tiene siete años y diez meses, y la mayor, Blanca, que tiene nueve años y ocho meses. A simple vista, no hay nada raro. Sin embargo, si se resta la edad de uno al siguiente, vemos que entre cada hermano se llevan exactamente un año, diez meses y un día. Es decir, 666 días: de nuevo aparece la cifra del diablo.
El doctor Francisco García, especialista en patología psicoanalítica, da su opinión sobre el caso Hernández. "Puede que el sujeto, consciente o inconscientemente, sea el responsable de la presencia del seis en su vida. Por alguna razón desconocida, el número seis le haya causado tal trauma que haya condicionado su vida. Es decir, Hernández elige el seis sin darse cuenta". Sin embargo, el doctor no se explica cómo le han salido los tres seises en la frente.
Por su parte, Juan José Hernández lleva una vida normal y es feliz con sus seis hijos y su esposa Sixta, que le adora y se preocupa por él.

Javier Suárez,
periodista de investigación